NO a la guerra

No a la guerraPor Beatriz Díez
Esta semana, gran parte de nuestro trabajo gira en torno a los 5 años que han pasado desde la invasión de Iraq. Hay diferencias en cuanto a cuál es la fecha exacta del aniversario, si ayer día 19 o el próximo día 23, pero en lo que estamos de acuerdo es en que han sido cinco años de muerte y desesperación. “Y lo que queda”, pensamos con una mezcla de tristeza y resignación.

Me pregunto si los iraquíes serán conscientes de toda la atención internacional que se cierne sobre su país cuando llega el momento de las fechas de conmemoración. Si aquellos que han perdido a seres queridos, sus viviendas, o la ilusión, saben que hay cientos de periodistas escribiendo reportajes especiales, analistas reflexionando sobre el rumbo que lleva la guerra, políticos diciendo que, en realidad, la situación del pueblo iraquí es muy buena y que la decisión de invadir el país fue justa y correcta.

Hablaba en Madrid con un catedrático de Opinión Publica y le preguntaba qué es lo que ha quedado de las manifestaciones que se organizaron de forma internacional para gritar No a la Guerra. Él decía que, en el caso de los españoles, la gente salió a la calle no tanto para solidarizarse con el pueblo iraquí sino para protestar por las consecuencias que una intervención española en la guerra podría tener para el país. Él dice que no es algo negativo en sí mismo, que la gente se moviliza no tanto por el dolor ajeno sino por el dolor propio, y que lo que se necesita es encontrar la manera de enlazar uno con el otro para lograr, una vez más, el compromiso de la ciudadanía.

Pero a mí su razonamiento me llegó dentro. Recuerdo aquel 15 de febrero de 2003, cuando miles de ciudadanos hicimos el recorrido de la manifestación que nos llevó desde la plaza de Neptuno hasta la Puerta del Sol en el centro de Madrid, y me cuesta trabajo pensar que lo que nos preocupaba, en ese momento, era lo que iba a pasar con nuestro país. Claro que, analizándolo de una forma más fría, tiene sentido lo que dice el profesor. Porque si no, no se entiende que, con todos los muertos que hay en Iraq cada semana, con esos 700.000 muertos que se dice que han ocurrido desde el inicio de la guerra, no hayamos vuelto a salir a la calle para insistir en ese grito de “NO a la Guerra”.

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