Flores en Paraguay

Por Anna Karina Rosales
Un cartel de bienvenida me recibe en la casa Hogar ‘Tesapé Porá’ en Villarica del Espíritu Santo en Paraguay. “Camino de luz” es el significado de estas dos palabras en Guaraní que, efectivamente, me muestran un camino de esperanza para por lo menos 40 niñas que reciben el amparo de las Hermanas de la Orden de María Auxiliadora, en el local dirigido por Sor Teresita Burguez, una mujer como pocas de las que he conocido en mi vida.

Las niñas que la consideran a ella su madre y me reciben como su tía con una amplia sonrisa, tienen todas algo que contarme y en tan cortos tres días, espero quedarme con su esencia, con la energía y alegría que han descubierto en esta su nueva existencia, tras haber trabajado en las calles o haber sido víctimas de desintegración familiar. Desde la pequeña Rosita, que no sabe que su madre es prostituta, la pícara Rocío, que me terminó de comprar con sus canciones, la dulce Maria Belén, que me contó ilusionada que pronto se irá a visitar a sus padrinos en España, hasta la juguetona Mabel, que compartió conmigo caramelos de su color favorito, rosa. Todas, incluidas las mayores y ya adultas Marlene y Patricia, me enseñaron que con tan poquita cosa uno puede recoger su vida y alistarse a emprender una nueva existencia.

Con toda la ayuda que han recibido de psicólogos y trabajadores sociales, con el talento musical desarrollado gracias a sus profesores, los valores y alta estima alcanzados gracias a las religiosas, casi ni ganas dan de hablar de su pasado, pero el objetivo de mi viaje es descubrir cómo así se vieron envueltas en esa situación, víctimas de la pobreza y el descuido y cómo así, gracias a la ayuda de personas comprometidas como las Hermanas de Tesapé Porá, salen adelante en un pueblo que probablemente a pocos le importe.

Me dirijo a la estación de autobuses de la ciudad, de donde proviene un gran número de estas niñas. Converso con sus padres o quienes les quedan de familiares. “Sor Teresita es una santa”, me dicen y me comentan, agradecidos, la labor que esta monjita hace por ellos. Ellos siguen vendiendo sus yuyos y hierbas en la calle y continúan el patrón de vida que tenían antes de perder a sus hijas por orden judicial. Más que agradecidos, me apena que su mensaje oculto sea “me liberaron de este peso” y que continúen con esa vida, muchas con un nuevo hijo bajo el brazo y muchas, sin haber aprendido la lección de que la vida de un niño es lo más valioso que existe.

Me pregunto si con sólo el apoyo de las monjitas podrá romperse este círculo vicioso…

Una respuesta a Flores en Paraguay

  1. Valerie dice:

    El trabajo de las monjitas (y el de quienes cumplen su rol en infinidad de situaciones que se repiten incansablemente en los países más abandonados) es sólo un parche sobre un enorme hueco social que existe. Con suerte algún alma agradecida continúe su labor más allá de su existencia [la de las monjitas]. Pero claro, el cambio debería surgir de quienes tienen el poder.. y bueno, ya sabemos como es eso de frustrante.
    Saludos,

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